
Hay lugares en Buenos Aires que aparecen casi por casualidad.
Era domingo 24 de mayo. Unas amigas habían empezado hacía algunas semanas a tomar clases de danzas folclóricas los miércoles en una peña del barrio del Abasto y me invitaron a conocerla. Como ese día era feriado, la clase se repetía. Empezaba a las 20, pero yo llegué pasadas las 21hs. La pista estaba llena, así que elegí un rincón y me quedé mirando.
Detrás mío había un espejo con una declaración de principios: “JJ Circuito Cultural lo hacemos jóvenes que militamos y trabajamos cada día por un mundo más justo y vivible para todxs. Elegimos la cultura porque es el arma más poderosa para transformar(nos) y armar comunidad”.
Y algo de eso pasaba ahí adelante.
La clase duraba dos horas. Unas 15 parejas de edades diversas seguían las indicaciones de Lola, la profesora, que esa noche especial decidió recorrer distintos géneros: chacarera, zamba, escondido, gato y carnavalito.
Los/as alumnos/as eran, en su mayoría, grupos de amigos/as que no permanecían cerrados: las parejas iban cambiando, mezclándose, aprendiendo con otros. Cuando alguien se quedaba sin compañero/a, Lola miraba hacia las mesas y avisaba: “Nos falta alguien para formar una pareja acá”. Y alguien aparecía.
Cuando terminó la clase, la barra empezó a llenarse de pedidos de comida y bebida después del ejercicio. Poco después subió al escenario Franchi, el organizador de la peña, agradeció la presencia, avisó que había una caja para que cada persona dejara lo que considerara que valió la clase y anunció lo que seguía: las bandas.
El lugar estaba lleno. No quedaban mesas libres. Quienes habían llegado solamente para escuchar a los grupos folclóricos seguían entrando, aunque fuera necesario quedarse de pie al fondo.
Detrás del escenario una bandera anunciaba el nombre de la peña: Sombra Blanca. Y una frase: “con la clara intención de mostrar la diversidad contrastante”.
Franchi viene impulsando el folclore en formato de peña desde hace más de dos décadas. “Los inicios fueron deambulando entre Morón, Avellaneda y la ciudad de Buenos Aires. La peña ha recorrido varios lugares buscando la difusión del folclore con contenido social”, cuenta.
La idea, dice, siempre fue “funcionar como un semillero en busca de renovar el cancionero popular. No porque los clásicos hayan perdido valor, sino porque aparecen nuevas generaciones con otras historias para contar. Son necesarias nuevas miradas, nuevas formas de dialogar a través de las letras, que tienen que tener su actualización”, explica. Además, Sombra Blanca trabaja con cupo femenino.
“Hoy la peña es nuestro pilar”, cuenta Lautaro, encargado del espacio. “Viene mucha gente, algunos vienen a la clase y después se van, otros vienen a ver los grupos musicales. La peña armó un nicho de público que viene todos los miércoles” y agrega: “Hay gente que viene acá, que es del palo del rock y no baila nunca, pero viene a escuchar folclore”.
La peña funciona todos los miércoles desde las 20hs en JJ Circuito Cultural (Jean Jaures 347), un espacio autogestivo del barrio del Abasto donde conviven distintas propuestas culturales y donde, según cuentan quienes lo sostienen, la conversación política también forma parte del día a día. En la vidriera de entrada, un pañuelo de las Madres de Plaza de Mayo recibe a quienes llegan.
Allí no me encontré sólo con una peña, sino con una de esas pequeñas escenas de encuentros que aparecen en la ciudad.
Leave a comment