
Algún distraído camina por Avenida Santa Fe, entre Rodríguez Peña y Montevideo y al levantar la vista se encuentra con el cartel con el nombre que se mantiene fijo, pareciera desde siempre. Mirar hacia adentro es como dejarse caer por el agujero negro de Alicia. No será el país de las maravillas, pero resiste como un refugio que contrasta con la velocidad y rutina diarias que se dan afuera, en la calle, en la realidad cotidiana.
Los turistas hacen videos de sus recorridos cuando visitan la Galería Bond Street y comentan en foros y la mencionan en el sitio Tripadvisor como un lugar esencial para visitar por quien viaje a la ciudad de Buenos Aires.
Joaquín Amat -personaje clave en esta historia- explica en su canal de YouTube, Canal Cero, donde publica los videos que se filmaron en la galería en la época en que esta empezaba a renacer: “quisimos construir un arca de Noé oculta en lo más profundo de Buenos Aires.”
En el comienzo
La Galería Bond Street fue un proyecto del estudio de arquitectura Aslan y Ezcurra, quienes también fueron responsables por la remodelación de las viejas Galerías Bon Marché, hoy Galerías Pacifico y el estadio de River Plate en el barrio de Núñez, además de otras galerías comerciales de la ciudad y proyectos industriales en todo el país.
La obra se realizó sobre terrenos que pertenecían a dos familias: los Azulay y los Vaisberg. Tiene acceso doble, por la Avenida Santa Fe o por Rodríguez Peña, donde también están ubicadas las entradas a los edificios de departamentos que son parte del complejo, unidos a la galería. Un dato de color: en ese edificio de Av, Santa Fé vivió el ex presidente Raul Alfonsín y se lo homenajea con una placa conmemorativa.
Fue inaugurada en 1963. La idea original era que fuera una galería comercial, algo así como la prehistoria de un shopping, un estilo de paseo de compras que era muy popular en esa época. Otra particularidad es que fue la primera galería en la que se instalaron escaleras mecánicas.

A raíz de la compleja situación económica de los años 70, una de las familias propietarias decidió vender su parte, por lo que no renovó los alquileres que estaban activos, y así varios locales se vaciaron. Esa venta no prosperó y con el tiempo la galería fue quedando desierta.
Los 80s – La Movida de la Bond Street
La historia cuenta que fue el periodista Alfredo Rosso en 1985 uno de los primeros en abrir un local en la galería casi desierta: la disquería Tabú, que luego pasaría a llamarse Fénix y estuvo abierta hasta 1994. Rodeados de locales vacíos y apenas alguno de reparaciones de electrodomésticos y calzado, también la artista Liliana Aisenstein inauguró su galería en uno de los locales.
En 1989, Joaquín Amat y Jorge Pistocchi llegaron a la galería con la intención de llevar a cabo un nuevo proyecto. Joaquín Amat es arquitecto y pionero en video documental y experimental. En ese momento se encontraba al frente de la fábrica Amat, una empresa familiar a la que convirtió en una cooperativa en un intento de sortear los vaivenes de la economía de la época.
Jorge Pistocchi, pionero creativo y personaje destacado en el ámbito musical y de contracultura, fallecido en 2023, fue el fundador de la legendaria revista Expreso Imaginario además de Pan Caliente, entre otras.
Amat lo relata así: “A fines del 89, con Jorge Pistocchi, descubrimos los subsuelos abandonados de la galería Bond Street. Un espacio único, mágico, cargado de historias, locales vacíos, vidrieras rotas, donde podíamos empezar una nueva movida.”
Joaquín alquiló 14 locales en el subsuelo de la galería a un muy bajo costo, ya que la administración buscaba repoblarla y volver a darle vida. Esos locales se fueron repartiendo entre amigos y conocidos para ponerlos en funcionamiento: el primero fue el músico Ricardo Iorio, que abrió El perro de hierro, un local de compra y venta de instrumentos musicales. Semilla Bucciarelli, bajista de Los Redonditos de Ricota, abrió un local donde exponía sus pinturas. De a poco el espacio se fue llenando de arte, música y diseño. Esa primera movida le devolvió el pulso que aún se siente.
El libro de la buena memoria: Los orígenes de la Bond Street
Nora Destéfano fue parte de esa movida y la recuerda con cariño. Es bailarina e instructora de yoga, actualmente vive en Capilla del Monte. Conoció a Jorge Pistocchi en el recordado Centro Cósmico La Paternal. A través de él conoció a Krisha Bogdan, actriz, bailarina y coreógrafa, quien además de ser pareja de Miguel Abuelo, venía de hacer performances en Europa.
Krisha convocó a Nora para participar en La Víspera, un espectáculo de danza y performance con música de Los Redonditos de Ricota. Al recordarlo, Nora asegura que fue lo mejor que hizo en su vida.
En 2017 publicó su libro Los orígenes de la Bond Street donde relata esos primeros momentos de la galería como espacio alternativo entrelazados con ficción a través de las experiencias de sus personajes, tres chicas que visitan la galería y observan intentando comprender un entramado de hechos y protagonistas, y a quienes su curiosidad las lleva a cuestionar situaciones y a través de esa exploración también cuestionarse a sí mismas.
En el libro además aparecen como telón de fondo hechos políticos, de corrupción y negociados que tuvieron lugar en la Argentina de finales de los 80 hasta 2016 en una forma de viaje en el tiempo, de atrás hacia adelante y de adelante hacia atrás. Como dice la canción: “yo veo el futuro repetir el pasado, veo un museo de grandes novedades y el tiempo no para”
Sobre cómo era el día a día en la galería en esa época, Nora cuenta que ella trabajaba durante la mañana y las tardes las pasaba en la galería. Colaboraba en un local que funcionaba como galería de arte en la que se exhibían esculturas y participaba en el proyecto de la puesta a punto de la Bond ayudando en lo que pudiera surgir, sonríe y agrega: “hasta comprar cinta scotch”.
Los Filmes, en YouTube
Durante esa etapa de renovación de la galería y apertura de los locales, había cámaras filmadoras que iban pasando de mano en mano. La idea era que todos pudieran registrar lo que sucedía con su propia visión. Esos videos estuvieron guardados durante muchos años, hasta que Joaquín Amat los digitalizó y subió a Canal Cero, su canal de YouTube.
En ellos se puede ver a todos los participantes de esa movida: los que atendían sus locales, los visitantes y los shows de bandas que se organizaban en los pasillos. La galería se veía un poco distinta, casi en estado embrionario a lo que es hoy.
Si bien ese proyecto original de crear una comunidad artística autosustentable no prosperó a largo plazo, la galería se estableció como un espacio de resistencia alternativo en la ciudad. Algo de ese espíritu quedó, y el lugar pasó a ser un refugio y lugar de encuentro para jóvenes y distintas tribus urbanas.
La nostalgia del recuerdo
Desde que “la Bond”, como la suelen llamar los que la conocen, se instaló como lugar de refugio de lo alternativo en la ciudad, se convirtió en un punto de encuentro para diversas tribus urbanas a través de los años.
En Instagram, la cuenta “Archivo General de la Bond”, que tiene más de 30.000 seguidores, sube fotos y videos de chicas y chicos que se reunían en la galería y en la plaza del Palacio Pizzurno, principalmente durante 2007 y 2008. En su mayoría “emos”, envían sus fotos de la época para sumarlas al archivo.
Siempre es hoy
Hoy se la puede ver más grafiteada que nunca, con locales de tatuajes y piercings, ropa y algunos sobrevivientes que llevan décadas. Entre ellos, la librería Rayo Rojo, desde 1991, un local muy especial donde se pueden encontrar libros de arte, ocultismo, fotografía, y ediciones especiales de clásicos entre otras cosas. La zapatería Koturno también se mantiene, recientemente cumplió 30 años con sus diseños especiales de calzado de plataforma alta que se fabrican en el país. A pesar del contexto actual, hay muy pocos locales vacíos.

Un chico camina rápido con sus amigos, se lo ve incómodo, y les dice que se quiere ir, “Este lugar es un asco”, insiste. Una chica lo oye, y en voz baja dice al aire, “Si, andate, este lugar no es para vos”. Levanto la mirada y encuentro sus ojos, nos miramos sabiendo y sonrío.
En uno de los grupos de Facebook dedicados a la galería alguien pregunta “¿A quien veo el sábado en la Bond?” Tal vez, a alguien medio perdido que anda buscando su arca de Noe.
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